Portadas
Ciudadanía creativa en el jardín de Juanita. Angélica Sátiro. Ed. Octaedro. 2018
Suki. Matthew Lipman. Madrid. Ediciones de la Torre. 2016
Escribir, cómo y por qué. Matthew Lipman. Madrid: De la Torre. 2016
Filosofía mínima. Angélica Sátiro. Ediciones Octaedro. 2016
Nietzsche, excesivamente humano. Angélica Sátiro. Ediciones Octaedro. 2016
Revista digital Crearmundos. Nº 10. Monográfico. 2012
Revista Hilandofino. Nº 5. Artículo. 2012
El troquel de las conciencias. Una historia de la educación moral en España. García Moriyón, F. Madrid: Ediciones de la Torre. 2011
Revista Utposten. Noruega. Nº 8. Monográfico. 2010
Luces y sombras. El sueño de la razón en Occidente. García Moriyón, F., García González, M., Pedrero Sancho, I. Madrid: Ediciones de la Torre (3ª ed.). 2006
Haikus

Exposición 2009. El paisaje como pretexto.

“Los haikus son pequeños y delicados poemas japoneses,
de forma breve,
que describen alguna escena,
vista o imaginada.

Prestan especial atención
a detalles tan mínimos
como cotidianos,
aunque también pueden recoger
una emoción concreta
o un estado de ánimo
que queda así inmortalizado
en el papel.

Al ser tan sencillos,
establecen una relación directa
con la persona que los lee,
para que está pueda crear
sus propias asociaciones
y aportar sus matices o recuerdos.

Esto es lo que busco
en mis cuadros.

Haikus que acompañaban a los cuadros en la exposición

_Cuadro 'Luna azul con trés árboles'
¿Existen
atajos en el cielo
luna de verano?
            (Sue-Jo)

_Cuadro 'Cielo quebrado'
Sueños sin rumbo
en paramos quemados,
la voz del viento.
            (Onitsura)

_Cuadro 'Ramas'
Leve es la primavera.
Sólo un viento que va
de árbol en árbol.
            (Atro)

_Cuadro 'Viento ligero'
Sobre mi lienzo
sopla un viento ligero.
Me estremezco y sonrío.
            (Pilar P.)

_Cuadro 'Paisaje en un paisaje 4'
Si en el crepúsculo
el sol era memoria
ya no me acuerdo.
            (Mario Benedeti)
Críticas

Olga Escurial Lebrusán
Crítica de Arte
Revista Crítica de Arte. Mayo 2002. Madrid

“Pilar Pedraza es una pintora de placeres. Apasionada por la arquitectura y por el ser humano (como buena historiadora), recoge en sus obras ambos elementos recreándose y haciendo que nos recreemos en ellos.

Desde un figurativismo ajeno al hiperrealismo, nuestra artista juega a crear espacios y perspectivas inquietantes incluyendo en ocasiones a una sola persona, pequeña, que observa su entorno perpleja. Del mismo modo, cuando centra su interés en una persona, ésta flota en un espacio irreal, indefinido, que acusa aún más la sensación de soledad y desorientación. Para lograr todo esto trabaja con distintas técnicas, mezclando óleo y acrílico sobre lienzo o sobre tabla entelada.

Cuando Pilar crea paisajes que tiene ante sus ojos, sus pinceles se tiñen de todos los colores para cubrir cada pequeño fragmento de lienzo con un punto de luz. Los cielos se magnifican encuadrando enormes vistas de las ciudades, bellas y resplandecientes pero lejanas. Cuando crea paisajes que tiene en su mente, cuando nos deja entrever su mundo privado, la paleta se vuelve más intima. La gama cromática se ciñe a los colores que visten los sueños de esta artista. La perspectiva también se vuelve privada en cierto modo, los juegos de luces, los motivos que decoran paredes y suelos, los ángulos…todo juega un poco al desconcierto.

Sus figuras humanas, adquieren una nueva significación. No recoge rostros, sino sentimientos. Así, son las posturas, el lugar desde el que se mira a cada figura, lo que define su identidad”


Félix García Moriyón
Catedrático de Filosofía y escritor
Exposición 2004. Miradas.

“Nuestros ojos recorren incansables el mundo que nos rodea, e incluso en alguna ocasión se dirigen hacia nuestro propio interior. A veces acarician descuidadamente ese mundo, otras se deslizan sin llegar a fijarse en nada, hay momentos en los que lo más superficial o más insólito despierta su atención….Posiblemente con mucha menos frecuencia, la vista se transforma en mirada y en ese preciso momento, el mundo que nos rodea estalla en posibilidades no previstas y manifiesta configuraciones de sentido que permanecerían latentes.

Es mérito de los artistas, en especial de quienes pintan, poseer una mirada diferente a la del resto de sus contemporáneos, más aguda, más fecunda, más libre de prejuicios y ataduras. Sus ojos, enriquecidos por una sosegada, a veces atormentada, reflexión interior, se detiene en esas realidades que, de puro cotidianas, han perdido su fuerza evocadora y atrapan en ellas novedosas dimensiones expresivas.

Esa es la propuesta que nos hace Pilar Pedraza en esta exposición. Mira el espacio que la envuelve y su mirada subraya en esos paisajes sin figuras humanas, o con solitarias personas difuminadas en la sombra, la sólida y serena geometría que pone orden en el universo. Observa el cuerpo humano y lo rodea con su cálida mirada para devolverle algo de la protección materna de la que ha sido privado por la desnudez con la que está arrojado en el mundo. Contempla los horizontes abiertos, que explosionan en intensos colores y a veces cobran vida y calor gracias a pequeños objetos, que se ven elevados desde su trivialidad rutinaria a eferentes de sentido en un mundo anchuroso que reclama la presencia de seres humanos para ser habitado.

La pintura de Pilar Pedraza aborda desde perspectivas variadas algo que es esencial a toda pintura: una mirada profunda cuya riqueza parte del interior de la artista. Y con su obra nos provoca para que, pertrechados con la originalidad de su mirada, miremos nosotros al mundo con unos ojos nuevos.”


Félix García Moriyón
Catedrático de Filosofía y escritor
Exposición 2007. Árbol Adentro.

“En estos últimos tres años de fecundo e intenso trabajo, Pilar prosigue su camino de crecimiento creativo que busca ampliar territorios de exploración y profundizar en la propia mirada. Una abstracción que apuesta por la sencillez cargada de simbología. Eso sí, sin abandonar la concreta materialidad sin la que los símbolos podrían perder los puntos de anclaje en nuestra existencia real. Ahí están las ramas y los árboles, e incluso ahí están esos fragmentos de papel o esas letras, muestras acabadas de que nunca hay signos sin significantes, ni símbolos sin soportes materiales que los trasmitan.

Recurre la pintora a un doble procedimiento, siendo el primero el que se centra en una simplificación de los colores, todos en la gama de los tierra, con breves destellos de azul y generosidad de un luminoso blanco. Colores sobrios y sobriedad de colores, sin merma alguna de la capacidad de comunicación.

El segundo recurso es simplificar los elementos significativos de su entorno. En un genuino proceso de reducción fenomenológica, se dirige a la cosa misma, el árbol, que queda reducido a sus ramas. Ante nosotros están esas ramas escuetas, austeras, puros trazos lineales, que se alargan y se cruzan formando redes “alámbrica”, en las que faltan los nexos explícitos de coordinación, pues el tronco del que proceden se queda en la presencia de su pura ausencia. Son las ramas las que parecen expresar lo fundamental del árbol, las que terminan dando sentido a su crecimiento y a su misma presencia. Es más, esa reducción perceptiva da paso a una creativa deconstrucción expresiva justo porque al reducir irrumpe la huella de lo que hay, que a un tiempo se nos muestra y se nos oculta, que es tanto presencia como ausencia. La pintora deja al espectador la tarea de aportar a esas líneas desnudas los nodos de configuración del sentido. Provoca de ese modo la genuina actividad estética: una obra de arte sólo lo es en tanto que un espectador la observa y la completa. Nos invita, por tanto, a mirar y nos impide que nos quedemos en un empobrecido ver.

El mismo proceso de simplificación expresiva, de progresiva abstracción, aparece en los cuadros que forman la otra parte de la exposición, la de los paisajes imaginarios, reales sólo en tanto que están ahí, en el lienzo. En este caso, cielo y tierra parecen fundirse en una gradación de color que opta por el peso de la tierra sobre el cielo, pues es este el que se aproxima a aquella. Tierra ocre, oscura, como sustrato de todo lo existente, que tampoco en este caso se evidencia, tan sólo se insinúa en esos árboles que se ofrecen como lacónicos referentes de la vida que nace de la misma tierra. Una vez más se trata de una presencia con trazos de lo que, aun estando ausente, aporta riqueza significativa.

Pilar se mantiene fiel a su propio camino que busca indagar en el mundo alrededor, pero todavía más indagar en su propio mundo. Es el camino circular de la mirada exterior e interior, cada vez más sencilla y cada vez más profunda, recogiendo la hermosa intuición evangélica de la capacidad transformadora y creativa de la mirada interior. Nada extraña, por tanto, que junto a su mesa de trabajo repleta de pinceles y pinturas, se encuentre un bello ejemplar ilustrado del libro del Tao, pues de un camino se trata que va de dentro a fuera, de fuera a dentro.”
Premios
(Sin participación en ningún certamen desde 2012)
Finalista. III Certamen de Pintura Ayuntamiento de Los Molinos. Madrid. 2012
Obra seleccionada. XXI Edición Premios Arganzuela de Pintura. Madrid. 2006
Obra seleccionada. XX Edición Premios Arganzuela de Pintura. Madrid. 2005
Mención de honor. XVIII Edición Premios Arganzuela de Pintura. Madrid. 2003
Finalista. XV Certamen Premio Carmen Holgueras. 2003
Obra seleccionada. 4ª convocatoria del Premio Mujer y Sociedad 2003. Madrid. 2003
Finalista. VIII Premio Primavera de las Artes. Madrid. 2002
Obra seleccionada. 2ª convocatoria del Premio Mujer y Sociedad 2001. Madrid. 2001
Finalista. VII Premio Primavera de las Artes. Madrid. 2001
Finalista. VI Premio Primavera de las Artes. Madrid. 2000
© 2018 Pilar Pedraza